Cuando pinto no se lo que veo

Publicado el 04 de mayo de 2026

Texto de Belén Molina.

El otro día me preguntaba una amiga que si lo que pintaba lo imaginaba antes o como lo hacía. Y la respuesta en corto fue no, no me lo imagino, no lo boceto, no lo copió de un modelo real. 

Sé que no sé pintar o dibujar si no veo, pero cuando plasmo la realidad es como si no estuviera pintado lo que realmente veo.

Ultimamente he estado trabajando en las montañas, en la sensación que deja en mi, lo que pienso sobre ellas, lo que me hacen sentir pero no de una forma lineal de lectura, 

Si alguna vez grabais vuestro ojo haciendo una actividad habitual, aunque sea mirando una pantalla veréis como su pupila se mueve fervientemente de un lado a otro, movimientos a veces repetidos a veces aleatorios que le dan toda la información al cerebro. Es un movimiento como la danza de las abejas, que mediante movimientos preciosos indican al resto de la colmena cosas que a simple vista no podemos interpretar. 

Ese movimiento del ojo, ese recorrido disperso y rápido es lo que ocurre por mi mente cuando comienzo a dibujar, no hay una lógica pura, no hay una representación con un esquema que seguir, mi mente no piensa, se que no está pensando, lo noto. Pero a la vez está procesando mucha información, las sensaciones de la última vez que estuve en esa montaña, las emociones, lo que he leído sobre lo que siento y lo que debería de ser ese mundo idílico que tengo en mi mente. Pienso y siento, pero sé que no estoy pensando. Me vienen de repente documentales sobre nómadas trashumantes y su relación con la misma. Aletean alrededor aspectos que se que he visto. 

Luego está el momento del material, no puedo obviar que no siento lo mismo con un pastel color azul que una cera color del mismo tono, mi cuerpo no reacciona igual.

Si en un brochazo hay cien mil intenciones, en cada medio hay otras  mil intenciones, la levedad del pastel, la contundencia del óleo o la rotundez del cera. Pero este tema quiero tratarlo en otro texto, con la profundidad que se merece. Entonces mi cuerpo piensa que debe de poner uno u otro, acompañado del color, que es en si misma la representación de una emoción y sensación al mismo tiempo. 

Así que cuando mi amiga me preguntaba ¿como haces para pintar eso?¿Tienes un boceto? ¿Cómo? 

Pues supongo que ell boceto es toda la red neuronal que se ha construido en el tiempo, mi virtud para sentir más de la cuenta y la facilidad para relacionar. No puedo no hacerlo así porque así mismo es como tiene que ser, y supongo que esa es la parte más mágica de todo esto, porque al final cada uno ve y procesa las cosas de una forma y yo solo muestro mi forma de ver las montañas ahora mismo.

Yo siento, pinto y tu ves, sin más, y en esa vista supongo que habrá también miles de emociones. 

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